En el 2012, una tarde, después de haber comprado material tuvimos una sesión de fotos improvisando formas.

Consistía en doblar pletinas de hierro a mano sujetando un extremo a un tornillo de un banco de trabajo.

En ese momento mi visión de la escultura era girar el hierro sobre si mismo buscando bucles y observar,  como en cada vuelta, se formaban curvar casi perfectas de forma natural. El resultado ya lo ves… esfuerzo y formas.

Había una segunda motivación. Poder con la materia, echar un pulso al rígido hierro que en cada giro se endurecía por la falta progresiva de palanca. Cuanto más se formaba más fuerte se hacía.